Yoga para niños felices

Yoga para niños felices

Yoga para niños felices

Empecé a practicar el yoga durante mi primer año como maestra en una escuela pública de Estados Unidos. ¡Lo mismo que tantos maestros de primaria estaba tan sumamente estresada que recurrí al yoga! Sabía que me podía ayudar. Fui fiel alumna de una excelente escuela del estilo Iyengar durante varios años. La práctica me aclaró la mente, me hizo recuperar el buen estado físico de mi cuerpo y sentí cómo mi espíritu se transformaba.

El yoga es la medicina y la herramienta que están
necesitando los niños hoy

Poco a poco empecé a poder comunicar a los niños de mi aula lo que estaba aprendiendo con el yoga. Nuestra clase fue cambiando: más armonía, mejor concentración, más sentido de familia y mucho corazón.

Al ayudarme a ver más profundamente dentro de mí misma, el yoga me dio otra perspectiva de mis alumnos. Empecé a cuestionar el sistema tradicional de enseñanza en las es- cuelas públicas y la manera en que vemos a los niños. Esto me llevó a estudiar la pedagogía de María Montessori y de Rudolph Steiner –las escuelas Waldorf y todos los sistemas alternativos de cómo educar holísticamente a un niño– mientras terminaba mi máster en Educación Cívica.

Dejé un puesto fijo en una escuela de un barrio privilegiado para trabajar con técnicas alternativas con niños de Harlem y con padres de familia de otros barrios difíciles de la ciudad de Nueva York, ofreciendo talleres de psicología para padres y creando alternativas extraescolares para los niños.

Manos, cabeza y corazón

Colaboré con pedagogos que respetaban y valoraban al niño en toda su esencia, en cada etapa de su crecimiento a nivel de mente, cuerpo y espíritu, y presencié mucha belleza.
Durante esos años en la ciudad de Nueva York continué alimentando mi práctica de yoga e incorporando diferentes estilos.
Tras el nacimiento de mis dos hijos, tuve la oportunidad de trabajar en una escuela Montessori y en otra Waldorf, y así formarme más en su pedagogía transformadora.
Una vez más vi en la práctica lo que real mente significaba enseñar las manos, la cabe- za y el corazón del niño dentro de un sistema escolar. En esas escuelas yo impartía clases de yoga extraescolares, y asistía a los maestros en las aulas.
Finalmente todas estas experiencias maduraron dentro de mí, reuní la experiencia de muchos años y muchas lecciones sagradas aprendidas con los niños, y creé el programa de formación de maestros de yoga para niños, OM Shree OM, El cuerpo, mente y espíritu de yoga para niños.

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OM SHREE OM, la Formación de Yoga para Niños

En los talleres de formación para maestros OM Shree OM pretendo que los profesores salgan con una nueva visión del niño. Para que esto sea posible, tienen que poder conectarse bien con su niño interior, y entender perfectamente las distintas fases de crecimiento, respetando la mente, cuerpo y espíritu de cada individuo con quien tienen el placer de trabajar…

También trabajamos mucho el rol del educador, maestro, profesor –o, mejor dicho, guía, y hasta amigo– que apoya y ayuda al niño. Aparte de ofrecerles muchas técnicas pedagógicas, quiero que esos maestros salgan de la formación en contacto con sus habilidades innatas, a las que pueden recurrir para conmover, inspirar y conectar con cada niño, cuerpo, mente y espíritu, ayudándoles a reconocer su divinidad.

Creé este programa porque me lo pedían los maestros con quienes trabajaba. Querían saber qué estaba haciendo con los niños. Las otras clases de yoga que había visto hasta ese momento enseñaban el yoga a los niños como una forma de gimnasia rítmica, como un juego extraescolar, como algo muy divertido y muy físico: “Ahora vamos a ser leones, y ahora una serpiente. Ahora a ver de qué color es tu guerrero”. Vi que no tocaban muy profunda- mente los aspectos espirituales, emocionales o mentales de la práctica, como si estos aspectos del yoga sólo los fuesen a entender los adultos.

Los niños meditan continuamente, reconocen su energía vital y se conectan perfectamente con ella, con sus chakras, con su intuición, con la naturaleza, y actúan espontánea- mente desde sus corazones. Como profesores de yoga, tenemos la posibilidad de reestimular constantemente el contacto con estos elementos y fomentar su desarrollo.

Les digo a mis alumnos, profesores, padres que si el yoga es un camino, no hay por qué hacer de él un camino ordinario. Hay que lograr que, en cada clase, cada paso con los alumnos sea extraordinario. Hay que llevar a los alumnos en un viaje épico. Llenar las clases con temas profundos que les hagan mirar ha- cía adentro, y fijarse en lo esencial y elemental de la vida. Trabajar de forma igualmente impecablemente con el cuerpo, la mente y el corazón. Encaminarles hacía su verdadera naturaleza. ¡Ellos lo seguirán felices!

Desde mi experiencia de maestra escolar he visto cómo la práctica del yoga ayuda a un niño en el aula a “regularizarse”, como dice María Montessori, a prepararse en todos los sentidos para aprender. He visto cómo los ni- ños se calman usando técnicas de pranayama y conciencia ante una situación difícil. He visto cómo el yoga les abre la mente y les crea posibilidades donde pensaban que no las había, fomentando así la creatividad, mejorando la concentración y la autoestima. He visto surgir la compasión y el autocontrol en niños agre- sivos. ¡Para niños con trastornos de hiperactividad y déficit de atención es un tratamiento fascinante y efectivo!

De hecho, creo que el yoga es una herramienta importante para las aulas, y me en- cantaría verla en todas las escuelas públicas y privadas. ¡Algún avance se está viendo en toda España! Los profesores están buscando nue- vas opciones y soluciones, y el yoga ofrece un mundo nuevo por descubrir.

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El Anusara Yoga y el Yoga como lugar sagrado

Siempre digo que tengo mi master en Educación y mi doctorado en Yoga. Sí, este año seré una profesora certificada en Anusara Yoga, con más de 400 horas de formación en esta escuela y otras 200 horas en la escuela Iyengar/Kripalu. La filosofía tántrica que forma la base del sistema del hatha yoga inspira la manera en que me conecto con mis alumnos: reconozco que ellos ya son seres perfectos y yo simplemente aspiro a hacerles brillar aún más, a ayudarles a caminar sintiendo su brillantez a todo momento. En cada clase usamos de inspiración un tema particular y real que trata las emociones, los sentidos, las diferencias de cada cual. Vemos un ejemplo:
“Imagina –les digo a los niños– que, al igual que todas las personas, tienes un reto importante en tu vida, te has peleado con un amigo querido o debes hacer un examen la semana que viene. ¿Cómo vas a afrontar esas dificultades? En la práctica de hoy quiero compartir con vosotros una fórmula para el éxito aplicando las cualidades que una gran maestra mía, una abuela cherokee, me ha enseñado y que os puede ayudar a actuar y a resolver una situación como ésta de buena manera”. Ir enlazando un tema con las posturas que se
realizan durante toda la práctica hace que los niños experimenten esas posturas desde dentro hacia afuera, aumentando la fuerza y la flexibilidad interior y exteriormente. De esta manera el yoga se convierte en mucho más que un ejercicio físico: un lugar sagrado donde todas las semanas aprendes más acerca de ti mismo.

Practicar yoga abre la mente de los niños, fomenta su creatividad, mejora su concentración y su autoestima. ¡Es una bendición para ellos!

Medicina y Herramienta

En el Anusara, el alineamiento es fundamental. Seguimos los Principios Universales de Alineamiento, formalizados por John Friend, el fundador de este sistema. Estos principios vienen a ser un guía ideal para la alineación biomecánica y energética del cuerpo.
Todo practicante sabe que cuando se realiza una postura con los huesos alineados y la musculatura equilibrada, la energía que se siente en el cuerpo es especial, es otra; y cuando a eso le agregas una fuerte intención, ¡te transforma! El trabajo terapéutico que podemos ofrecer a estos cuerpos infantiles en crecimiento es muy valioso. Veremos entonces un futuro con niños mucho mas conscientes de sus cuerpos, y futuros adultos que necesitarán menos prótesis de caderas, rodillas, etc.
Si creamos este patrón de bienestar y de bondad en el cuerpo, en la mente y en el espíritu del niño, le ofreceremos algo que le acompañará siempre y que utilizará en todo lo que haga. Trabajar de esta manera con nuestros niños, hoy en día, es una bendición. Ofrecerles a los jóvenes de hoy este espacio donde les ser- vimos de espejo y les motivamos a conectarse con ellos mismos y a expandir su luz interior, alineados con la naturaleza, es una bendición. El yoga es la medicina y la herramienta justa y necesaria para los niño de hoy.

por Christine McArdle Oquendo

• Publicado en Yoga Journal www.yogajournal.es
• 2010

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